Tal vez algún día publique esta entrada en mi blog “público” pero por ahora esta será una reflexión íntima que compartiré con ustedes, poquísimos pero también selectísimos lectores. Disculpen si divago.
Cuando la Navidad de 1995, mi madre me regaló un paquete de libros Alfaguara. Creo que eran unos 10. En ese momento me llamaron la atención los de El Pequeño Nicolás, de René Goscinny (autor de Asterix) Pequeñas historias de niños franceses que “la pasaban bomba”, tal como yo la pasé leyendo sus aventuras y peleas. Empecé por esos libros por la familiariedad que tenía con ese autor infantil, pero también me llamó la atención el que entonces fue el libro más gordo que había recibido. Un título que, por dicha característica, dejé a un lado en ese momento.
Llegó el verano de 1996. Un buen día, aburrido porque mi madre no me permitía jugar Nintendo el tiempo que quisiera -cosa que hasta la fecha le agradezco- decidí ir a mi librero y coger algo nuevo. Entonces me llamó ese libro de hojas abundantes. Más de 400 páginas fueron devoradas en menos de una semana, y el libro se convirtió desde entonces -aunque ya tiene un buen rato que no lo leo- en mi biblia personal, con todo lo que eso conlleva. Esa obra se llama La Historia Interminable, escrita por Michael Ende.
Del libro podría escribir otro libro -tal vez lo haga algún día- pero tal vez fue desde ahí que se implantó en mi la semilla de la “contracorriente social”. En ese momento, sin ningún tipo de prejuicio por el mundo, sus hipocresías, los celos, el amor y sus complejas ramificaciones. Nada.
La Historia Interminable me hizo pensar muchísimo, y fue una referencia mental para muchas situaciones. Recuerdo pocas ahora, tal vez por la somnolencia que traigo en este momento. ¿Una de la infancia? Siempre que quería pedirle algo a mi madre, algo que no era fácil de pedir, como una moneda para las maquinitas del hotel de Puerto Vallarta, recordaba como Bastián se había tenido que armar de valor para enfrentar a Graogramán el león.
Ok, esa fue muy infantil. La más importante de las enseñanzas que me dejó la obra de Ende fue: “Haz Lo Que Quieras”. Bien decían que no había nada más complicado que eso, pues se trataba de encontrar tu “verdadera voluntad”. Para mi también significó seguir mi propia dirección, sin tomar en cuenta los dogmas sociales de lo que debe ser o no. Eso, en combinación con mi inocencia de fin de siglo, me trajo bastantes problemas para relacionarme con los demás. “¿Por qué no le voy a pedir que sea mi novia? ¿Por qué no aceptaría, si la quiero?”.
Claro, viene también la edad de la adolescencia, donde tratas de amoldarte a las reglas sociales de la “pubertada”. Yo le llamo la edad de la estupidez. Afortunadamente habemos quienes la superamos y aprendemos a forjar nuestra identidad y regresar al mandato del Auryn. Hay quienes jamás lo logran.
Fueron varios los años en los que no tuve la lucidez de ahora, y en esa época vinieron cambios “propios” de la edad. Entrar a la prepa, y después escoger una carrera. ¿Le tomé la relevancia correcta? Claro que no. Como mi exitoso hermano (no discuto eso en lo económico) mis padres querían que me dedicara a la contabilidad o a la administración. A mi siempre me había gustado la historia y los periódicos. Eso lo sabía consciente o inconscientemente, pero me tragué el cuento de “eso es un juego y hay que pensar en una carrera seria.”, así que opté por la administración. Una decisión presionada por mis padres, pero tomada por mi, sin ninguna seriedad eso sí. En primer lugar, nadie me puso una pistola en la cabeza para escoger. En segundo lugar, mi mente no estaba muy consciente de mi vida. La verdad es que en ese momento lo único que me interesaba era conocer bandas de rock progresivo y pasar el mayor tiempo posible con E. Era casi como un hippie en constante trance -a pesar de que fui abstemio en esos años-. Un hippie entrando a la burbuja “empresarial y emprendedora” de la mejor universidad de México. Ok, eso es lo que dicen ellos.
Tres años después, las cosas comenzaron a cambiar. Se fue E, llegó el alcohol, -no se me malinterprete, jamás fui un trágico ebrio, pero esto si que me ayudó a comprender muchas conductas e ideas de varios compañeros y amigos de la época-. Se alejó un poco el rock progresivo y dió paso a todo un variado universo musical. Entonces volvi a ver esa inscripción: “Haz Lo Que Quieras”, y me di cuenta de que eso no estaba pasando. Me propuse cambiar eso, primero en un afán caprichoso, pero después volcado en una madura y paciente perserverancia.
He buscado muchas alternativas, pero a la vez la principal ha seguido ahí: Periodismo en la Universidad Complutense. Desarrollarme en mi propia dirección y abrir mis horizontes en un continente con el que siempre he soñado. Tres años y mil acontecimientos después de comenzar a perseguir esa voluntad, aún no llega el momento de dar el salto, y aún no estoy listo para ello. Sin embargo, tentando posibilidades, apliqué a mi primera opción -¿qué podía perder?
Como pueden ver, quedé admitido. Sin embargo, como sabía que era probable este año, la decisión que he tenido que tomar es el declinar. Básicamente por la falta del recurso económico, pero también por una oportunidad laboral de la cual, por estar relacionada con lo que quiero hacer en España, me ha dado muchas enseñanzas.
Sin embargo, no puedo describir cuánta confianza y ánimo me dió leer esa palabrita de ADMITIDO. Ha sido como una inyección de energía, y una “media recompensa” a la perserverancia que le he puesto a ese sueño. Creo que nunca en mi vida había puesto tan fuertemente el dedo en el renglón por algo.
Mientras escribo estas líneas, estoy esperando a que den las 2 am aquí en México -9 am en Madrid, España- para marcar a las instancias correspondientes y agradecer las atenciones, amenazando, eso sí, con seguir dando lata.
Tengo muchos deseos en la vida, y en este momento pienso que, a largo plazo, la línea más cercana a esos objetivos esta allá en Madrid. Un punto de partida para redireccionar mi carrera académicamente (ya comienzo a hacerlo en lo laboral) y comenzar a afincarme en una España y una Europa que deseo explorar y vivir en una búsqueda hacia dentro mío, así como de una mejor vida en todos los sentidos.
Después de esas llamadas, comienza a correr el tiempo. De vez en cuando tendré que detenerme a evaluar el orden en mi vida (en muchísimos sentidos), mi situación económica, los apoyos financieros que haya podido o no conseguir, y mi situación laboral. En este momento y por primera vez he encontrado un trabajo que disfruto, relacionado con el entretenimiento y la web, a la orden de un periodista independiente, de quien estoy aprendiendo mucho. No sé cuánto dure ni hasta donde llegue, pero quiero averiguarlo.
Así que, fuera de cualquier tipo de presión o deseo que no sea el mío, sigo adelante “haciendo lo que quiero” y dejando que el destino acomode las cosas, que sé que llegarán, en su punto y momento correspondiente. Ahora más que nunca renuncio a seguir cualquier dirección que no sea capaz de hacer mía.
Ya faltan solamente 20 minutos.


[...] actual trabajo, la homologación española que espero se resuelva pronto, así como el hecho de que ya haya sido admitido en el lugar en el que quiero estar, ayuden a concretar los cabos sueltos a más tardar en el 2011. Palomita por [...]