#3 Correo no deseado

31/05/2009

“Soy capaz de romper un corazón por ver lo que tiene adentro, a trueque de matarme yo mismo sobre los restos de ese corazón.”

La primera vez que recibió un correo con ese texto, pensó en mil posibilidades: desde que él era un destinatario equivocado, hasta que dicho mensaje fuera algo así como una amenaza de muerte. El remitente solo contenía las iniciales C.C., lo mismo que el nombre del correo.

Pero lo que comenzó como una extrañeza anecdótica, se volvió algo cotidiano, pues diariamente recibía exactamente el mismo correo. Ni su jefe ni la odiosa prima de los “forwards” le mandaban tantos e-mails. Fue así como se acostumbró a ver el mensaje, hasta el punto de ya no inmutarle en lo más mínimo. Al poco tiempo ya no abría ningún correo de C.C.

Sin embargo, el saber que alguien se tomaba la molestia de escribirle todos los días le hacía sentir bien. “Al menos una persona lo hace sin pedirme nada”, se decía a sí mismo.

El extraño rito se repitió durante mucho tiempo, pero llegó el día de abrir la bandeja de entrada y no ver a C.C. La misma sensación de extrañeza regresó, como la primera vez. Durante meses echó de menos no recibir ningún correo misterioso. Se decidió entonces a abrir cada correo de esos que se acumularon sin cesar. Comenzó del más reciente al más antiguo, pero después de abrir el último correo recibido, no pudo continuar.

“Me cansé de esperar una respuesta. Me fue imposible abrir tu corazón, pero matarme esta noche, esa es una certeza que solo puede romper tu respuesta antes de las 6.”

El calendario apuntaba octubre. El correo decía marzo.

Después de algunas necesarias ausencias (algunas, pero no todas, debido a la influenza) regresé al taller con este ejercicio. Se trataba de hacer un pequeño cuento a partir de la primera frase, de la autoría de Horacio Quiroga. Anteriormente, intentamos hacer el mismo ejercicio en grupo; algo así como lo que se llama un “cadáver exquisito”. Fue un desastre.

Como siempre, dejo abierto este espacio a cualquier tipo de comentarios. La retroalimentación básica de mis compañeros fue que mi cuento “es muy moderno”.


#2 Irene

25/03/2009

Cuando arribé a la sala, ella se encontraba solitaria, mirándome con unos ojos que penetraron lo más hondo de mi ser. La maravillosa perfección que los míos descubrieron borraron todo nuestro alrededor. Tenía que hablarle. Tenía que ser de ella. Tenía que pertenecerme.

Balbuceando, le pregunté su nombre. Su respuesta me congeló, me llenó de ira, y no hice más que esfumarme y desaparecer para siempre de su vista.

Y pensar que me sentí por un instante lesbiana. Irene solo hay una, y soy yo, no ella. Así de asqueroso es mi ego.


Trent Reznor terapeuta

14/02/2009

Escrito para Metatextos, un interesante taller literario en línea que descubrí durante la semana. Échenle un vistazo y si les viene en gana, participen.

“Nine Inch Nails te pone horny.”

A los apasionados de la música y el amor les gusta hacer soundtracks de sus relaciones. La canción del primer beso, del primer viaje, de la primera vez, etc. Úrsula era de gustos relajados, pero apenas supo de la vena rockera de Eduardo, no dudó en presentarle a un personaje que extrañamente su novio no conocía: Trent Reznor.

Una noche, Úrsula le confesó a Eduardo lo mucho que le excitaba escuchar eso de “I want to fuck you like an animal.”

-Trent comienza el trabajo, cariño. Tu continuas.

Eduardo si que continuaba. Entre días de placer, gemidos y orgasmos, Úrsula pensaba que lo acercaba a Dios. Eduardo aprendió a pedirle que lo volviera otra persona, y creyó en sus promesas y mentiras. Los dos se envolvieron en esa nube tan real y abstracta, ese mundo de locura y perdición que resulta del sexo cuando se le da el control como a una droga perfecta.

Bastaron unos meses para que la nube erótica se desvaneciera, y entonces cambió el track. “There is no fuckin´ you. There is only me.” Fin.

Todo terminó entre la pareja, pero no entre el chico y Reznor. Eduardo hizo suya la música de NIN durante el noviazgo y no la echó al destino típico de los soundtracks de las relaciones cuando rompen: la negación y el olvido. Las canciones tomaron otro sentido y el músico la hizo de terapeuta, hasta el día en que Eduardo pudo escuchar a NIN dándose cuenta que de sus canciones había logrado desaparecerla, al igual que de todos sus lados emocionales. Llegó el año cero.

“…porque preferiría morir antes que darte el control.”


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